Cartografía (I)

04 Junio, 2008

He de confesar algo. Estas últimas semanas he sufrido una gran presión por parte de mis colaboradores y parte de algunos lectores. Todo se debía a la escasez de entradas que he producido. Entré en un circulo vicioso. Cuanta más presión me hacían más ansioso y nervioso me ponía porque no se me ocurría nada que escribir. Comencé a sufrir el llamado síndrome de la página en blanco. Era evidente que algo tenía que hacer. Cuando las musas te abandonan, hay que buscar la inspiración por donde sea, así que muy decidido bajé a la calle a buscarla. Muy concentrado en cualquier detalle que aconteciera a mi alrededor, pues todo escritor (aunque sea vocacional) sabe que la inspiración puede llegar en cualquier momento y a través de cualquier vía. Después de pasar prácticamente trece horas dando vueltas por la calle y no encontrar nada que me sugiriese ni una mísera frase que escribir, hice lo que cualquier desesperado habría hecho. Busqué en la basura. En muchas basuras. Es increíble las cosas que la gente es capaz de tirar. Según iba rebuscando por la basura iban ocurriendo dos cosas. La primera y más evidente es que me iba ensuciando. Mucho. Mi olor corporal después de aquella jornada creo que tardará varias décadas en desaparecer de mi mente. Lo segundo es que a medida que iba perdiendo mi poca dignidad (buscar en la basura por la presión de tener que escribir en un blog es algo que atenta directamente contra mi honor, eso es obvio), mi listón de temas sobre los que escribir iba bajando mucho. Cuando ya estaba convencido de escribir un ensayo sobre el tiempo que tardan en pudrirse las pieles de las distintas frutas en según que ambientes, encontré mi salvación. Esta consistía en un grupo de cartas apiladas. Si estaban en la basura puedo leerlas (pensé). Cuando abrí el primer sobre para leer su contenido (por suerte estaban ordenadas de manera cronológica) supe que ya tenía algo que contarle al mundo.

Estas cartas fue la correspondencia que mantuvieron dos hombres hará ya cosa de dos años. Por lo que pude comprender de la primera carta, los dos hombres no se conocían antes de esta primera carta, sino que eran padres de dos niños que compartían estudios en el mismo colegio. Al parecer ocurrió un incidente entre los niños (algo típico en esas edades). Cuando uno de los niños se lo contó a su padre para que éste le ayudara, su respuesta fue el mandarle una carta al padre del otro niño. Cuando alguien reacciona de esta manera ya sabes que hay algo que no funciona bien en su cabeza. ¿Qué persona en su sano juicio a día de hoy envía una carta al padre de un amigo de su hijo para solucionar un problema entre los dos niños? Todos sabemos la respuesta, nadie. Así pues nos encontramos ante un loco. Pero aquí viene lo bueno. El padre del otro niño decidió responder la carta y comenzar así una discusión por correspondencia, la cual no tiene desperdicio. Si ya hemos llegado a la conclusión de que una persona que envía una carta para solucionar un problema de niños no es una persona sana mentalmente, si nos encontramos ante dos personas así y ellos se encuentran entre sí, lo que sucede es una auténtica locura. Sin más dilación, para completar esta entrada (se que es larga pero le debía texto al blog) voy a transcribir directamente la primera de las cartas. Más adelante, si la gente lo demanda (y si no posiblemente también) iré publicando el resto de las cartas.

“Querido señor xxxx (por respeto eliminaré los nombres y apellidos de los sujetos):

Por increíble que parezca, parece ser que nuestros hijos, amigos ellos desde que entraron en el colegio hace ya más de tres años, han tenido un desagradable incidente hoy a la hora del recreo. Por lo que he creído entender, mientras mi hijo estaba tomando su almuerzo, que bien había preparado mi señora por la mañana, en uno de los sitios del comedor reservados para los alumnos que traen su comida de casa, su hijo ha increpado verbalmente al mío. Según he sido informado el motivo de los insultos ha sido el plato que mi hijo estaba comiendo. No se trataba más que una menestra de verduras, que como bien sabrá es un plato más que recomendado para los jóvenes pues aporta casi todas las vitaminas que necesitan. Su hijo comenzó a llamar “Comehierbas” a mi hijo. Lo hizo de manera que todos los niños lo oyeron y, es lo que tienen los niños a esta edad, comenzaron a reírse cruelmente de mi hijo. Incluso algún otro se lanzó también a repetir el insulto. Su hijo, crecido por el efecto de sus palabras sobre la masa deseosa de más, se acercó a mi hijo, cogió de su plato una pequeña zanahoria y se la introdujo por una de las fosas nasales de mi hijo. Por supuesto, mi hijo se levantó y rápidamente se fue, ya que no estaba dispuesto a tolerar esa humillación por parte de una persona a la que él consideraba su amigo.

Es por esto que le pido, de la manera más cordial que se me ocurre, que su hijo le pida disculpas públicamente al mío en el siguiente día de clase. Confío en que usted será una persona totalmente comprensiva y por ello entenderá a la perfección el estado en el que encuentra mi hijo y lo bien que de verdad le vendría que su hijo, su antiguo amigo, le pidiera perdón delante de todos.

Espero las agradables noticias de que todo este incidente se haya solucionado. Por el bien de todos.

Cordialmente,

El señor YYYY.”

Esta ha sido la primera de las cartas. Por lo que ya os podréis imaginar puesto que la correspondencia no es corta, el incidente no quedó aquí.

Bueno, habiéndome quitado ya la presión de escribir mi segunda entrada, y sabiendo que tengo material para unas cuantas mas, directamente ya me despido hasta la siguiente entrada.

Un saludo.

 

4 comentarios para “Cartografía (I)”

  1. Caaarlos escribió

    Vale, te has hecho esperar y me ha gustado. Pero no te crezcas… a ver si ahora vas a estar subidito!!

  2. fantomamagico escribió

    Sin lugar a duda, la espera ha merecido la pena…pero ahora necesito la siguiente carta!!!!así que no te hagas de rogar o tendremos que ir todos a buscar la continuación por las basuras de Madrid…

  3. no_pienses_en_un_elefante escribió

    Sin duda la gente civilizada sigue dándose a la escritura… eso me tranquiliza, pero que pasó?

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