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Archive for 18 febrero 2009

Después de mucho tiempo sin escribir en el blog, creo que ha llegado el momento de volver a él. Como siempre que ocurre que se está mucho tiempo sin hacer algo, se espera que la vuelta sea especial. Es por ello que me plantee hacer un regreso en el que fuera a hablar de algo importante. Llevo ya bastante tiempo dándole vueltas al tema sobre el que voy a plantear esta pequeña divagación. Es un tema que mucha gente calificará como tremendamente secundario, y muy posiblemente lleven razón, pero aún así me siento con la necesidad de hablar de ello.

El tema en cuestión es… ¿cuál es el motivo por el cual se desatan los cordones de los zapatos? A ver. A todos desde niños nos han enseñado a atarnos los cordones. Eso es normal, pues es algo totalmente necesario. Digamos que el proceso lógico con respecto a los cordones debería ser el siguiente. Por las mañanas te pones los zapatos, te atas los cordones y sales de casa dispuesto a comerte el mundo cada día. Al final del día llegas a casa, te desatas los cordones y los zapatos te esperan hasta el día siguiente. Si eso fuera así, todo sería normal y yo jamás hubiera escrito este post, pero todos sabemos (por lo menos todos los que utilizan zapatos con cordones) que eso no es lo que ocurre.

Lo que ocurre realmente es que te atas los cordones por la mañana, sales de tu casa y en algún momento indeterminado del día… los cordones se han desatado solos!!! ¿Por qué? ¿Quién lo hizo? ¿Qué fuerza misteriosa los desatas mientras no los miras? Es que no tiene ningún sentido. Si están bien atados, y puedo dar fe de que me los ato bien (incluso con doble nudo), nada salvo yo mismo cuando me quiero quitar los zapatos debería desatarlos, pero no… Eso no pasa. Hay algo más.

Podéis pensar que se debe al movimiento que realizan los cordones cuando andamos. Que ese movimiento ejerce una fuerza de rozamiento sobre el nudo que hace que este se deshaga poco a poco. Pues no. Eso no es cierto. Os reto a pasaros un día entero mirándoos los cordones mientras andáis. Veréis que el nudo sigue exactamente igual de fuerte que cuando lo hicisteis por la mañana, pero en el momento en que dejéis de mirar… OH pobres desgraciados, el Dios de los cordones desatados (Luonnotar es como lo llamaban en la antigua civilización bárbara sueca) en persona vendrá a desatarlos.

Posiblemente a la mayoría todo esto que he escrito os haya parecido una estupidez, pero para mí, el que se produzca un movimiento que apela tanto a la libertad natural de los cordones de una manera tan espontánea no deja de maravillarme e intrigarme a partes iguales.

Os prometo que seguiré investigando sobre el tema. Por lo pronto me he pasado por la biblioteca y he cogido una gran pila de libros que van desde la física cuántica a la filosofía de la libertad del hombre, pasando por el libro “Hechos y Milagros del gran Dios Luonnotar” de IKEA. Ya os contaré.

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Muchos días buscando la imagen, muchos días de espera, pero al final lo logré, y aquí esta, AQUI LA TENÉIS;  porque aunque podía parecer que la espera no iba a merecer la pena yo creo que si, había que esperar. Ahora sólo nos queda subir, porque despues de tantas conversaciones sobre ellas, hay que probar, hay que intentarlo; como en todo, como siempre,  no hay que dejar de intentar, de buscar, de probar…

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