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Archive for 25 mayo 2009

Este blog se llama Casa de Cosas. Eso es algo que imagino que todo el mundo que entra aquí lo sabe. La idea de este blog es que sea un lugar donde los tres habitantes de esa casa, la llenemos de cosas poco a poco. Cada uno tiene total libertad para añadirle lo que quiera. No tenemos ninguna restricción y la temática de cada post es totalmente libre. Pero que ocurre si poco a poco esa casa se va vaciando. Si no tenemos nada que añadirle. No quiero decir que ese sea el caso. De hecho no creo para nada que ese sea el caso. Pero sí que he notado una pequeña tendencia a la baja en la frecuencia de publicación de entradas en el blog. No puedo hablar por el resto de mis compañeros, pero lo que me está ocurriendo a mí es que tengo la sensación de que poco a poco se me van acabando las ideas. Y eso me asusta mucho.

Llevo más o menos una semana pensando qué escribir. Esto no es como me ocurrió al principio de mi andadura por este blog, en el que la presión por escribir algo me impedía el escribirlo. Esta vez simplemente es que parece que el grifo de las ideas se está agotando. Tengo dos o tres en la reserva. Les estoy dando vueltas. Pero es que antes el número de ideas que se me ocurrían era muy superior. Y esto ha hecho que se me ocurriera hablar sobre cómo surgen las ideas. Qué ocurre en nuestra cabeza (o por lo menos en la mía) para que se genere una idea.

Es raro que yo me siente en una silla a pensar ideas. Estas simplemente aparecen en mi cabeza de manera más o menos espontánea. Suelen venirme cuando estoy haciendo las acciones más rutinarias de mi día a día. Acciones como pueden ser ducharme, caminar por la calle o trabajar delante de un ordenador (cosa que cada vez me cansa más). Normalmente cuando estoy haciendo estas acciones, mi cabeza está en otro sitio. Suelo darle vueltas a todas las cosas que me han pasado últimamente o a cosas que me han hecho gracia o me han emocionado, o simplemente han supuesto algo para mí como para que las esté pensando en ese momento. En esta fase de darle vueltas a las cosas suelo deformar mucho los conceptos. Suelo llevarlos al límite buscando algo que me haga gracia o que signifique algo para mí. Luego ya habrá tiempo de colocarlos en su justa medida. Pero para ver si algo de lo que estoy pensando va a funcionar tengo que imaginármelo en mi cabeza, pero no como autor, sino que trato de darle la vuelta para ver como un espectador se enfrentaría a lo que estoy pensando. No es algo sencillo, y no creo que se sea capaz de hacerlo completamente (es imposible perder el punto de vista del autor de una idea), pero trato de acercarme lo más posible a ello. Muchas veces también las consulto con mi pequeño grupo de expertos a los que doy mucha importancia su opinión. La mayoría de las ideas que se me ocurren no pasan de esta fase. Suelo descartarlas porque no me llegan a decir nada o porque son demasiado parecidas a otras cosas que ya han sido hechas o vistas.

Las pocas que pasan esta criba se instalan en mi cabeza. Suelen estar conmigo bastante tiempo. Aquí es cuando las empiezo a desarrollar. Ya no solo pienso en ellas en momentos rutinarios, sino que cuando una idea llega a esta fase se suele convertir en una especie de obsesión. El tiempo que están en mi cabeza depende de la magnitud de esta idea. No es lo mismo pensar en una entrada de un blog, que en una historia para un corto, por ejemplo. Hay un momento en el que toda la idea queda perfectamente clara en mi cabeza. Toda la estructura está definida y sólo quedan algunos detalles por definir. Es en ese momento cuando la escribo y le acabo de dar forma. Normalmente cuando escribo algo suelo hacerlo bastante rápido.

Pues después de explicaros como funciona mi cabeza, tengo que deciros que creo que se ha roto. Algo ha cambiado. Ya no funciona como antes. Ahora cada vez me cuesta más pensar en ideas. Me encuentro muchas más veces delante de la página en blanco sin saber como llenarla. Es curioso, porque tengo la impresión de tener más cosas que contarle a la gente que antes, pero no me salen. No puedo decir que esté preocupado, pero como dije antes, sí que me asusta. Estoy seguro (o quiero estar seguro) que pronto volverán todas las locuras a mi cabeza. Mientras, trataré de disfrutar de este pequeño vacío creativo.

De todas maneras, como ya dije antes, tengo un par de ideas en la recámara y pronto verán la luz, puesto que ya las tengo bastante depuradas.

Perdón por este post totalmente egocéntrico. Me pareció interesante escribirlo, más a modo de reflexión personal que por un posible interés de nuestra audiencia potencial. Pero la verdad es que lo escribí porque veía muy vacía la casa y quería llenarla un poco. Espero aún así que os haya parecido algo entretenido al menos para haberlo leído.

Un saludo a todos.

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Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

EL POETA DEL COMPROMISO

http://www.elpais.com/articulo/cultura/poeta/compromiso/elpepucul/20090517elpepucul_6/Tes

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zapatoretiro1

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