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Motivación

Cuanto más va pasando el tiempo y voy acumulando más y más experiencias en el terreno profesional (y también en el personal por supuesto) me voy dando cuenta de que hay un concepto que tiene un carácter imprescindible para poder llevar a cabo cualquier actividad. Es un concepto sobre el que se incide poco a lo largo de la etapa formativa de una persona pero que se torna vital cuando uno se enfrenta a retos profesionales que por definición le son a uno extraños y ajenos (en caso contrario serían retos personales). Efectivamente, como ya habréis adivinado gracias al espoileante título de la entrada, se trata de la Motivación. Preparaos para otra entrada de ombliguismo máximo 🙂

Si buscamos motivación en Wikipedia podremos ver que se define como “los estímulos que mueven a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación”. Muy interesante. A la hora de trabajar, normalmente un jefe te ordena una acción a realizar, un objetivo a cumplir. Es tu trabajo así que toca llevarlo a cabo. El problema es cuando esa razón no es suficiente para ponerse a ello. Si analizamos la anterior frase “es tu trabajo así que…” podemos ver que en ella ya hay varias motivaciones implícitas:

  • El que sea tu trabajo significa que es tu sustento. De llevar a cabo esta tarea de una manera satisfactoria depende el cobrar a final de mes y con ello poder pagar todos los gastos asociados con una vida.
  • El no realizarla bien podría significar un despido y por tanto la necesidad de buscar otro empleo.
  • Ahora viene la gran pregunta… ¿qué ocurre cuando estas razones no pesan tanto en una persona como para motivarla?
    Aquí es donde debe actuar el manual de psicología que todo buen jefe debe tener en su mesita de noche. Es necesario saber encontrar las motivaciones necesarias de tus empleados para poder ir cumpliendo los objetivos que el trabajo conlleva. Ese es el verdadero trabajo de un buen jefe. Encontrar los motivos y razones que hacen que sus trabajadores realicen correctamente sus trabajos asignados.

    Entonces es donde yo me encuentro con un gran problema. ¿Qué pasa si no tengo un buen jefe o directamente no tengo jefe? Se podría decir que esa es mi situación. En gran medida soy mi propio jefe. A ver, entenderme, tengo un jefe, alguien por encima de mí en el organigrama empresarial, pero no alguien que me ordene mis tareas diarias. Estoy metido en un proyecto (en el que me metió mi jefe) que estoy gestionando y desarrollando yo mismo. Yo lo he planificado y yo lo estoy llevando a cabo. En esa situación es muy fácil mentirme a mí mismo y perder el tiempo. Necesito encontrar motivaciones personales para llevar a cabo mi trabajo. Tengo que hablarme desde una perspectiva de jefe y escucharme desde una perspectiva de empleado. No es fácil. Os lo aseguro.

    En parte es algo bastante similar a lo que todos hemos vivido durante la carrera o instituto. El ir estudiando día a día. El prepararse los exámenes. Es un trabajo que cada uno hacíamos por nuestra cuenta. La diferencia es que yo no tengo ni profesores mandando trabajos o dosificando la carga de estudio a la semana (por la cantidad de materia impartida) ni unos exámenes marcados a fuego en el calendario. Es cierto que si tengo una suerte de fechas límite (en parte autoimpuestas) y que cuando me acerco a ellas mi motivación por mi trabajo sube como la espuma, pero cuando estoy lejos… Es muy difícil.
    Sé que soy una persona que, motivada, trabajo muy bien y obtengo grandes resultados. No tengo dudas sobre ello. También me creo bastante profesional y el trabajo hacerse se hace. Pero lo que vengo a decir aquí (tampoco lo tengo muy claro no te creas) es que una cosa es hacer las tareas y otra muy diferente es hacerlas con ganas y disfrutando del trabajo. Eso es lo que yo estoy echando en falta. Esas ganas por hacer las cosas que me surgen espontáneamente en cuanto me pongo a escribir una historia propia, trabajar en un proyecto personal o diseñar y construir unos muñecos gigantes para luego rodar tonterías con ellos.
    Y eso no debería pasar. Me paso un tercio de mi tiempo sentado en mi silla del trabajo. Lo que debería ocurrir es que, como mínimo, lo que haga me interese y me llenara. Ya no te digo que lo disfrutara. No sé si es un problema del trabajo actual que desempeño. No sé si sería capaz de encontrar algún otro que realmente me motivara per se. Pero creo que merece la pena buscarlo.

    Por lo pronto, últimamente todos los objetivos que me propongo conseguir en mi vida pertenecen al término personal y no al profesional. Creo que debo darle una gran pasada a todo lo que concierne a mi carrera laboral y decidir realmente qué me apetece hacer, qué quiero ser y qué quiero conseguir. Porque si echo la vista atrás y me recuerdo a mí mismo de pequeño contestando a la famosa pregunta de “¿qué quieres ser de mayor?”, sé que ahora mismo estoy muy lejos de la respuesta que daría ese pequeño dup. Y eso no debería ser así.

    Por lo que comienza mi búsqueda de la motivación, allí donde esté!!!

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    A veces no se si la gente se está volviendo cada vez más loca o soy yo el que está perdiendo la cabeza. Seguramente sea una mezcla de las dos. Admito que el nivel de locura a mi alrededor ha aumentado mucho desde que estoy trabajando de nuevo.

    En este lugar en el que me hayo, he visto cosas que no creeríais. Cosas como todo el mundo trabajando en Junio con abrigos porque alguien ha decidido que la temperatura óptima para trabajar son 13 grados. Cosas como después de haber tenido que levantar todo el suelo del edificio porque a alguien se le ocurrió poner baldosas encima de un suelo técnico porque no le gustaba el color de éste (si no sabéis que es un suelo técnico, lo buscáis leñe). Cosas como que un mes después de levantar todo el suelo y volver a ponerlo, deciden volver a levantarlo porque alguien olvidó instalar una red súper necesaria. Cosas como trabajar en una sala con paredes 100% al exterior pero a las que a nadie se le ocurrió ponerles ventanas. Cosas como estas. Y lo más extraño de todo es que a casi todo el mundo le parecen totalmente normales.

    Hasta ahora no me habían parecido lo suficientemente importantes, pero ayer vi una que colmó del todo el vaso. Vamos se salió tanta agua de él que he necesitado más de 100 fregonas para secarlo. No lo pude evitar y le hice una foto. Esta foto:

    Puerta con un letrero que dice "No Funciona" ¿?

    Pues sí amigos. Resulta que ahora las puertas no funcionan. Pueden estar cerradas, pueden estar rotas, pueden incluso ser falsas y ser solo un dibujo sobre una pared. Pero una puerta no puede no funcionar. No sé si me entendéis bien. No funcionan maquinas o utensilios mecánicos. Puedo entender que no funcione una radio, un coche, un ordenador o incluso un bolígrafo. Pero una puerta… Es como decir que una silla o un papel no funcionan.

    Perdonar mi pequeño arranque. Es que a veces no entiendo las cosas. También es cierto que no sé de qué me quejo. En realidad disfruto cada una de estas locuras como pequeños placeres privados (sólo me río yo con ellas) que con esta entrada son un poco más públicos. Un saludo.

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    Bueno, hay que reconocerlo. Los tiempos cambian y las cosas no se pueden mantener para siempre. La gente evoluciona y los chavales de hoy en día son cada vez más espabilados. No hay más que mirar a cualquier crio de 10 años y ver lo que hace. Luego pensar en qué hacíais vosotros a esa edad… ¿hay o no hay diferencia?

    ¿A qué viene todo esto? Pues muy sencillo. Por muchas cosas que hayan cambiado, hay unas cuantas que siguen inamovibles y ya empiezan a cantar bastante. Sí amigos, estoy hablando de esos viejos mitos en los que todos hemos creído cuando éramos pequeños y en los que aún siguen creyendo los niños de hoy en día. Mitos como por ejemplo Los Reyes Magos, Papa Noel o (este siempre me hizo mucha gracia) el Ratoncito Pérez. Actualmente, los padres se las ven de todos los colores para conseguir que los niños sigan creyendo en estos personajes. Cuando son bebes o muy pequeños es fácil. Puedes hacer que se crean cualquier cosa. Pero es que ahora crecen muy rápido.

    Piensen en la idea de que un señor regordete vestido de rojo que vive en el polo norte y que da regalos a todos los niños, que se han portado bien, del mundo durante una sola noche colándose por las chimeneas de la gente y moviéndose con su trineo mágico volador. Es que no se la cree nadie. Es una auténtica fantasía. Sin tener en cuenta el tema trineo volador, el tema chimeneas, el tema las pintas que me lleva ese hombre, puede que haya algún niño que te diga: “¿pero cómo puede vivir ese señor en el Polo Norte si con el deshielo causado por el cambio climático es casi imposible vivir allí incluso para los osos polares?” Vaaale, puede que ningún niño te diga esto… ahora. Pero ya llegarán niños así, ya veréis. Y sino tiempo al tiempo (esta frase siempre entra bien).

    Y ya si nos ponemos a hablar de los Reyes Magos… camellos, estrella de oriente, carbón dulce, unos reyes que regalan cosas a la gente (si os pillara Juanca por banda os iba a decir unas cuantas cosas), oro, incienso y mirra (ah no, que eso era bíblico, por tanto real)… ¡Por favor! No hay quien se crea esto.

    Del Ratoncito Pérez no voy a hablar. Solo el hecho de que a alguien se le ocurriese inventarse el mito de que un ratón colecciona dientes de leche y los cambia por dinero es tan locura que me sorprendería mucho que ese alguien no conociera también a unos cuantos camellos. Bueno, dejo aquí el tema del Ratoncito Pérez que me enciendo. Creo que otro día hablaré con más profundidad del tema en sí.

    Creo que más o menos ha quedada clara mi tesis sobre este tema, ¿no? Los mitos en los que solíamos creer están muy anticuados. A los niños cada vez se les hace más complicado creer en estas cosas. Y aquí es donde por fin cobra sentido el título de esta entrada.
    Nuevos mitos. ¡Claro!
    Nuevos mitos. ¡Qué sencillo!
    Nuevos mitos. ¿Quieres explicarlo ya?

    Vale. Creo que hay que crear nuevos mitos en los que creer. Mitos que estén más acordes con nuestros tiempos. Para no cometer el típico fallo del que tira la piedra y esconde la mano, voy a proponer algunos. Espero que vosotros propongáis algunos más en los comentarios.

    A ver, así a boOvnis mágicoste pronto pienso en algo que bien argumentado, cualquier niño podría creer. Cada 25 de Diciembre, unos extraterrestres vienen a la Tierra en sus naves interestelares súper silenciosas e invisibles y dejan regalos para todos los humanos de la Tierra con el motivo de tenernos contentos pues son una civilización muy amigable pero a la vez muy tímida.

    A mi me parece buena. Tiene el elemento ovni que está siempre de moda. Como estos tienen una gran tecnología, siempre nos podemos creer las cosas que hagan. Me resulta complicado buscarle un pero a esta historia. Yo me la hubiera creído. Además, esto le vendría muy bien a otros gremios como el del espectáculo. Las pelis de Papa Noel ya están muy explotadas, pero las de ovnis amistosos… Quitá E.T. y ¿cuál más tienes? Ninguna. Es un filón.

    ¿No os gusta?

    Obama Mago

    Vale, propongo otra. ¿Qué os parece si en vez de los Reyes Magos proponemos una figura más actual? ¿Y qué figura existe hoy en día, con el peso de un rey y que todos consideran, sino un mago, sí una persona maravillosa capaz de regalarle cosas a la gente? Venga, es fácil.

    Imagínense decirles a vuestros hijos cada 5 de Enero: “Venga, iros a la cama que viene Obama a traeros regalitos”. Ningún niño podría resistirse a eso. Como mucho alguno diría: “¿Y no le ponemos un vasito de leche para que se lo beba cuando viene?”. Sería tremendamente adorable.

     

     

     

    Pues eso, ahora os toca a vosotros imaginar nuevos mitos que convenzan a los niños de hoy en día y los que quedan por venir.

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