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Posts Tagged ‘creacion’

Tengo ganas de escribir esta entrada. Todo surgió ayer en una conversación con un compañero de trabajo. ¿El tema que la motivó? La piratería, el canon digital, la sentencia europea sobre estos temas… Típica conversación de un día de trabajo.

Bueno, creo que si soy capaz de escribir bien esta entrada (os aseguro que me supone un reto) llegaréis al estado mental en el que me encuentro y que no tengo claro cómo definir. Espero que os sorprenda. Por eso, voy a tratar de escribir la entrada en la manera en que se haría el proceso mental para intentar que la idea surja en vuestras cabezas y que esta entrada sea sólo una guía de pensamiento. A ver si lo consigo.

Lo primero puede que para algunos sea innecesario y algo pesado, pero creo que para la mayoría es totalmente necesario para comprender el resto del razonamiento. Necesito enseñaros algo sobre cómo funciona un ordenador y sobre el tratamiento digital de los datos, cualquier tipo de datos.

Los ordenadores trabajan en estados binarios. 1 o 0. Algo puede ser ON u OFF. Vale, esto creo que todos lo sabíais. La cosa es que cuando se trabaja con un ordenador, todo debe convertirse a una representación binaria pues es la que seremos capaces de procesar. Si, Por ello, hay que trabajar en base binaria. Voy a explicar que significa esto.

Nosotros trabajamos en base decimal. Esto quiere decir que nuestros números van del 0 al 9. Si aumentamos una unidad ya estaríamos en las decenas. A 10 decenas pasaríamos a las centenas. Y así sucesivamente. Los ordenadores hacen lo mismo, pero solo trabajan de 0 a 1. Al aumentar una unidad más, ya se pasaría a “sus decenas” (no es un buen nombre) y así sucesivamente. Lo vemos con un par de ejemplos:

Base decimal: 008, 009, 010, 011, 012, …, 098, 099, 100, 101, …
Base binaria: 000, 001, 010, 011, 100, 101, …

Por supuesto, un número binario se corresponde con un número decimal y viceversa. Lo vemos:

Número binario: 100111011 = 1*2^8 + 0*2^7 + 0*2^6 + 1*2^5 + 1*2^4 + 1*2^3 + 0*2^2 + 1*2^1 + 1*2^0 = 256 + 32 + 16 + 8 + 2 + 1 = 315

(* significa multiplicar y ^ elevar)

No sé si se habrá entendido bien este proceso pero hemos visto que el número binario 100111011 es igual al número decimal 315. Si queréis entender un poco mejor esto o directamente entenderlo porque no lo he explicado nada bien, podéis leer la siempre socorrida wikipedia

Seguimos. Una vez que sabemos que los ordenadores sólo trabajan con número binarios, es necesario saber a que nos referimos cuando digo “trabajan”. Me voy a limitar únicamente al tema sobre el que trata esta entrada que son los datos almacenados en nuestro ordenador. Con esto me refiero a documentos de texto, fotos, vídeos, música… estas cosas comunes de todos los días. Pues estas cosas, que cuando nosotros las vemos nos parecen textos, fotos, vídeos o música, para los ordenadores no son más que un conjunto de 1s y 0s, lo que en informática se conocen como bits. Os lo explico un poco mejor.

Parto del ejemplo más sencillo que es el texto. Para un ordenador, cuando trabaja con un texto, cada letra está representada por un número, que por supuesto es binario. Según el tipo de documento que estemos utilizando (si es de word, del bloc de notas, una página web…) cambiará la representación. Pueden ser números más grandes o más pequeños, pero siempre es un número (creo que los más listos ya sabrán por dónde van los tiros de esta entrada, pero sigo).

Vamos a verlo todo con un ejemplo clarificador. Pensemos en la palabra “HOLA”. Si utilizamos la codificación más típica, que utiliza 8 bits para cada letra, vemos que la palabra HOLA, será procesada como:

H = 72 => 01001000
O = 79 => 01001111
L = 76 => 01001100
A = 65 => 01001000

Por lo tanto HOLA = 01001000010011110100110001001000 => 1213156424 en decimal. Podemos ver que cuando trabajamos en el mundo digital, la palabra HOLA equivale unívocamente al número 1213156424 y no a otro.

Ahora pensemos más a lo grande. Un libro. Un libro no es más que un conjunto de palabras ordenadas y por tanto de letras, y por lo tanto de bits. Así que si cogemos todas las letras de un libro, las convertimos en el número binario y ese número lo pasamos a su representación decimal obtendremos un número. El que sea, muy grande seguro, pero un número. Con esto quiero decir que cualquier libro equivale únicamente a un número cuando trabajamos en el mundo digital. Todo lo que el autor ha pensado, todas las horas que ha gastado para crearlo, todo el trabajo, se reduce únicamente a un número. Un número que alguien con mucho tiempo podría haber tecleado aleatoriamente y luego hacer la conversión contraria. Un maldito número. ¿Os imagináis? Escribo un número de chorrecientas cifras, le doy a convertir en letras (hay programas que lo hacen) y me sale el Quijote. ¿O por qué no un libro mucho mejor que aún nadie ha escrito? ¿Por qué no dedicarme a registrar todos los números por si de alguno sale una obra maestra?

Por supuesto, esto que os he explicado sobre los libros, es exactamente igual en otros tipos de datos, como música, fotos o vídeos. Es más complejo el proceso de codificación, pero al final el proceso es el mismo. Vas a obtener un número. Un número mucho más grande (por eso una película ocupa mucho más que una canción que a su vez ocupa más que una foto y mucho más que un libro), pero un solo número. Asusta. Toda obra de arte reproducible en formato digital se reduce a ser únicamente un número. Con esto dejo fuera a la pintura, la danza, la escultura, la arquitectura (aunque los planos sí serían un número) o el teatro (lo mismo ocurre con el libreto).

Cuando piensas en esto, ¿dónde queda el arte? ¿Podrían las máquinas componer una música mejor que la Mozart por el simple hecho de prueba y error, probando con todos los números? ¿Se puede generar una fotografía de la nada que signifique la cosa más bella jamás vista? ¿Todo el proceso de creación de una película, con todas las personas que están involucradas, todos los gastos, material, horas de trabajo, se podría reducir a dar con el número correcto? Desanima un poco. Viéndolo desde este punto, ¿qué es la creación o creatividad? ¿Encontrar el número correcto?

No lo creo. Hay dos cosas que para mí, destrozan esta teoría. Vale, admitimos que una obra = un número, sí o sí. Aquí no hay duda ni refutación. Pero vamos a darle una vuelta y para ello volvamos al ejemplo de HOLA. HOLA = 1213156424. Vale. Pero estamos diciendo que una palabra de 4 letras equivale a un número de 10 cifras. Sólo ese número. Ahora supongamos un libro. Las cifras serían escandalosas. Dar con ese número que suponga la gran obra maestra que estamos buscando podría ser un trabajo mucho más laborioso (en términos de tiempo) que escribir ese libro. Es prácticamente imposible dar con ese número mágico que haga de tí el mejor escritor de la historia. A día de hoy y con las herramientas computacionales existentes no es viable (en un futuro…). Por otro lado, en caso de dar con el número correcto, que sería eso. Sería como un descubrimiento. Como cuando Colón se encontró sin querer con América. No es una creación. No se ha puesto a pensar que quería hacer. Simplemente la encontró ya hecha en ese baúl escondido en el lugar más recóndito del mundo, prácticamente inaccesible. Eso no es arte. Eso no es nada. Por eso el proceso creativo, no sólo es necesario sino que, es el único válido para que el arte exista.

Aunque esto último, abre otro interesante debate. Si se puede encontrar ese número mágico que descubra el gran libro secreto, significa que ese libro ya ha sido escrito. Lo único es que nadie lo ha puesto en palabras entendibles por nosotros. En que lugar deja eso a la creación. Quiero decir, cualquier cosa que escribamos, fotografiemos, compongamos y toquemos o grabemos ya existe. Es uno de los infinitos números que existen. Aquí dejo este punto. Que cada uno desarrolle sus ideas.

Como os dije al principio, no tengo muy claro que pensar acerca de todo esto. Me ha puesto la cabeza del revés y aún no tengo nada claro. Escribo esta entrada con tres motivos. Primero, tratar de aclarar un poco mi cabeza exponiéndolo de forma explicativa (cada vez utilizo más este blog como mi psicólogo personal). Segundo, transmitiros estas ideas, que como poco me parecen muy interesantes. Y por último, tratar de haceros partícipes de este debate y extenderlo un poco en los comentarios, que seguro que tenéis mucho que decir.

Espero que os haya interesado, que os haya hecho pensar y especialmente que haya conseguido explicarlo bien. Un saludo. Yo sigo aquí pensando.

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Este blog se llama Casa de Cosas. Eso es algo que imagino que todo el mundo que entra aquí lo sabe. La idea de este blog es que sea un lugar donde los tres habitantes de esa casa, la llenemos de cosas poco a poco. Cada uno tiene total libertad para añadirle lo que quiera. No tenemos ninguna restricción y la temática de cada post es totalmente libre. Pero que ocurre si poco a poco esa casa se va vaciando. Si no tenemos nada que añadirle. No quiero decir que ese sea el caso. De hecho no creo para nada que ese sea el caso. Pero sí que he notado una pequeña tendencia a la baja en la frecuencia de publicación de entradas en el blog. No puedo hablar por el resto de mis compañeros, pero lo que me está ocurriendo a mí es que tengo la sensación de que poco a poco se me van acabando las ideas. Y eso me asusta mucho.

Llevo más o menos una semana pensando qué escribir. Esto no es como me ocurrió al principio de mi andadura por este blog, en el que la presión por escribir algo me impedía el escribirlo. Esta vez simplemente es que parece que el grifo de las ideas se está agotando. Tengo dos o tres en la reserva. Les estoy dando vueltas. Pero es que antes el número de ideas que se me ocurrían era muy superior. Y esto ha hecho que se me ocurriera hablar sobre cómo surgen las ideas. Qué ocurre en nuestra cabeza (o por lo menos en la mía) para que se genere una idea.

Es raro que yo me siente en una silla a pensar ideas. Estas simplemente aparecen en mi cabeza de manera más o menos espontánea. Suelen venirme cuando estoy haciendo las acciones más rutinarias de mi día a día. Acciones como pueden ser ducharme, caminar por la calle o trabajar delante de un ordenador (cosa que cada vez me cansa más). Normalmente cuando estoy haciendo estas acciones, mi cabeza está en otro sitio. Suelo darle vueltas a todas las cosas que me han pasado últimamente o a cosas que me han hecho gracia o me han emocionado, o simplemente han supuesto algo para mí como para que las esté pensando en ese momento. En esta fase de darle vueltas a las cosas suelo deformar mucho los conceptos. Suelo llevarlos al límite buscando algo que me haga gracia o que signifique algo para mí. Luego ya habrá tiempo de colocarlos en su justa medida. Pero para ver si algo de lo que estoy pensando va a funcionar tengo que imaginármelo en mi cabeza, pero no como autor, sino que trato de darle la vuelta para ver como un espectador se enfrentaría a lo que estoy pensando. No es algo sencillo, y no creo que se sea capaz de hacerlo completamente (es imposible perder el punto de vista del autor de una idea), pero trato de acercarme lo más posible a ello. Muchas veces también las consulto con mi pequeño grupo de expertos a los que doy mucha importancia su opinión. La mayoría de las ideas que se me ocurren no pasan de esta fase. Suelo descartarlas porque no me llegan a decir nada o porque son demasiado parecidas a otras cosas que ya han sido hechas o vistas.

Las pocas que pasan esta criba se instalan en mi cabeza. Suelen estar conmigo bastante tiempo. Aquí es cuando las empiezo a desarrollar. Ya no solo pienso en ellas en momentos rutinarios, sino que cuando una idea llega a esta fase se suele convertir en una especie de obsesión. El tiempo que están en mi cabeza depende de la magnitud de esta idea. No es lo mismo pensar en una entrada de un blog, que en una historia para un corto, por ejemplo. Hay un momento en el que toda la idea queda perfectamente clara en mi cabeza. Toda la estructura está definida y sólo quedan algunos detalles por definir. Es en ese momento cuando la escribo y le acabo de dar forma. Normalmente cuando escribo algo suelo hacerlo bastante rápido.

Pues después de explicaros como funciona mi cabeza, tengo que deciros que creo que se ha roto. Algo ha cambiado. Ya no funciona como antes. Ahora cada vez me cuesta más pensar en ideas. Me encuentro muchas más veces delante de la página en blanco sin saber como llenarla. Es curioso, porque tengo la impresión de tener más cosas que contarle a la gente que antes, pero no me salen. No puedo decir que esté preocupado, pero como dije antes, sí que me asusta. Estoy seguro (o quiero estar seguro) que pronto volverán todas las locuras a mi cabeza. Mientras, trataré de disfrutar de este pequeño vacío creativo.

De todas maneras, como ya dije antes, tengo un par de ideas en la recámara y pronto verán la luz, puesto que ya las tengo bastante depuradas.

Perdón por este post totalmente egocéntrico. Me pareció interesante escribirlo, más a modo de reflexión personal que por un posible interés de nuestra audiencia potencial. Pero la verdad es que lo escribí porque veía muy vacía la casa y quería llenarla un poco. Espero aún así que os haya parecido algo entretenido al menos para haberlo leído.

Un saludo a todos.

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