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Posts Tagged ‘Curiosidades’

Vuelvo con uno de los temas que más me obsesionan y de los que más he hablado por aquí. La creatividad. Se podría decir que esta entrada continúa en cierta manera la que escribí hace tiempo titulada “Ese maldito número“. Os la resumo un poco. Allí, después de un extenso análisis llegaba a la conclusión de que gracias a la magia proporcionada por los sistemas digitales, cualquier realización artística podía quedar totalmente definida por un único y exclusivo número (un número muy largo pero un número al fin y al cabo).

Pues hoy voy a continuar un poco con esta reflexión. Voy a centrarme en la literatura porque es más sencillo ejemplificar, pero todo es extrapolable a cualquiera de las otras artes. El tema principal de todo esto es el hecho de si todo ya está escrito de antemano. El número de letras que existen (y por extensión de palabras) es limitado y por ello el conjunto de cosas que se pueden escribir con ellas es algo finito. De nuevo algo muy grande pero finito. La pericia del artista es la de discernir de entre todas las posibles combinaciones existentes las que son manifiestamente artísticas y proporcionan un valor añadido del resto. Esta habilidad es muy importante y por eso sólo un pequeño porcentaje de la población mundial a lo largo de la historia han sido grandes literatos, pero el caso es que cualquier persona, por puro azar podría ser capaz de escribir algo tan bueno o mejor que cualquier libro considerado una obra maestra.

Esto lo ha pensado mucha gente antes que yo. Platón o Borges ya escribieron sobre ello. Pero lo que me ha resultado gracioso, es saber que hay una parte de la comunidad científica bastante obsesionada con este tema. Estoy seguro que motivados por el eterno debate entre ciencia y arte, porque como decía el filósofo americano Sydney Hook, “la Madonna de Rafael sin Rafael, las sonatas y sinfonías de Beethoven sin Beethoven, resultan inconcebibles. En la ciencia, por otra parte, la mayoría de los hallazgos de un científico podría haberlos hallado perfectamente otro científico de su mismo campo”. Esto condena al científico a una especie de anonimato. El científico debe descubrir algo antes de que otro lo haga, pero el artística debe crear algo que antes no existiera, nadie va a escribir el libro que yo escribiría.

Pues como iba diciendo, hay un gran número de científicos empeñados en desmentir esa afirmación y por ello quieren demostrar que de forma aleatoria se puede escribir una obra literaria de gran envergadura. Todo se sustenta en el teorema de los monos infinitos expuesto por Émile Borel en 1913, que decía que un conjunto de monos infinitos tecleando al azar los teclados de máquinas de escribir es probable que, por puro azar, consigan escribir cualquier libro que se encuentre en la Biblioteca Nacional Francesa. Pues hay un proyecto iniciado en el 2003 que trata de reproducir este teorema. Se trata de un programa informático que hace esto mismo. Teclea caracteres de forma aleatoria. Se trata de medir cuánto tiempo es necesario para que se escriba una obra de Shakespeare completa de principio a fin. Por ahora, se han conseguido los siguientes logros:

  • El 3 de enero de 2005 se encontraron 24 letras consecutivas que formaban un pequeño fragmento de Enrique VI, parte 2: “RUMOUR. Open your ears; 9r”5j5&?OWTY Z0d “B-nEoF.vjSqj[…
  • Posteriormente, el mismo experimento, logró 30 letras de Julio César de Shakespeare: “Flauius. Hence: home you idle CrmS3RSs jbnKR IIYUS2([;3ei’Qqrm’”.
Parece que aún queda bastante para conseguirlo. Podeis mirar más sobre este experimento en The Monkey Shakespeare Simulator.
Pues con todo esto, creo que queda claro que aunque estamos hablando de cifras finitas, son tan grandes que como buen ingeniero que soy he de determinar que como solución es infinito, por lo que a día de hoy se puede asegurar que el trabajo que realiza el artista, lo conocido como Creatividad, es un proceso mental al alcance de algunos pocos no reproducible. Seguiremos dependiendo de esos genios para alimentar nuestra voraz ansia de cultura que tiene nuestra sociedad.
Antes de irme os dejo con una pequeña reflexión que no tiene absolutamente nada que ver con esto pero que no sabía dónde ni cómo colocarla:
¿No es un chiste irónico que la construtora que va a construir el edificio más alto del mundo pertenezca a la familia de Osama Bin Laden? (info)
Ahí lo dejo. Saludos!!

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Me decía a mí mismo, “deja ya de postear“, “no monopolices tanto el blog“, “déjales algo a tus compañeros“… Ese tipo de cosas. Ocurre cuando en un blog escrito (se supone) por tres personas, en la página principal sólo hay entradas mías. Y no quería hacerlo, de verdad. Pero fue entonces cuando he encontrado lo siguiente.

Se trata de un nuevo movimiento que está aflorando por youtube. Son videos musicales grabados con la famosa técnica del stop motion (hacer videos mediante fotografías tomadas una a una). Por lo que he visto, se podría decir que el pionero en esto del stop motion musical (en este caso no son fotografías, sino más bien pequeños clips concatenados) es el sueco Lasse Gjertsen. Tiene varios videos en los que experimenta con ello, pero sin duda, el mejor de todos es el que voy a poner aquí.

En este video, nuestro amigo Lasse es capaz de tocar el piano y la batería (haciendo una melodía muy curiosa) sin saber tocar esos instrumentos gracias a esta técnica. La calidad del video no es muy buena (el audio sí), pero merece mucho la pena verlo. Ahí va:

Mola eh? Pues investigando más, he encontrado videos mucho más trabajados, por gente que sabe algo más de música. Por ejemplo este me ha gustado mucho (ignorando los caretos del tío que toca). En este, se eleva el concepto a una banda de 5 instrumentos:

Curioso. Pues ahora unos pocos videos más que me han gustado también mucho.

“Mozart – Marriage of Figaro” tocado con “una sola” guitarra:

“Flight of the Bumblebee” tocada por el mismo tio:

y ahora en piano 🙂

Quizá estos son los que más me han gustado. Pero hay muchos más. Estoy encantado con este descubrimiento. Es muy inspirador. Espero que os haya gustado tanto como a mí.

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Vuelvo a escribir sobre un tema del que me gusta mucho hablar. No, no voy a hablar sobre gente que se tira pedos. No, tampoco sobre el apocalipsis. Esta vez es serio. Voy a hablar de nuevo sobre la creatividad. Es un tema que me apasiona. Relajaos y poneros una música que os guste, porque esta entrada me ha salido un poco larga. Sólo espero que os guste.

Leyendo uno de los muchos blogs que suelo leer (esto es otro tema del que hablaré otro día), me encontré con una serie de artículos de los que me suelen interesar. Voy a tratar de haceros un resumen aquí, ya que creo que los artículos en sí mismos hablaban de demasiadas cosas y yo me quiero centrar en sólo una de ellas que hacía de nexo de unión de todos ellos. Al final de mi entrada os doy las referencias necesarias para que veáis que no me he inventado nada de lo que aquí escribiré y por si queréis profundizar en el tema.

Voy a tratar de hacer una reflexión sobre varios temas que están muy ligados todos ellos. Así, en plan titular, hablaré de la inteligencia, de la creatividad, de los genios, del talento innato, del trabajo para conseguir el éxito.

No es fácil empezar. Si hacemos una encuesta rápida, seguramente más del 90 % de la gente (yo incluido que quede claro) piensa que la inteligencia es una de las características que seguramente posean la mayor parte de las personas que han alcanzado un éxito en su carrera laboral, especialmente en perfiles profesionales de tipo más reflexivo, véase científicos, abogados, periodistas, escritores… Una persona que también pensó lo mismo fue Lewis Terman. Esta persona fue un reconocido psicólogo estadounidense que destacó como un pionero de la psicología cognitiva en el siglo 20 en la Universidad de Stanford. Se hizo famoso porque a principios del siglo XX fue el inventor del Stanford-Binet IQ test, el conocido como el test del coeficiente intelectual. Este test mide la capacidad intelectual de las personas y se basa en pruebas de convergencia: se obliga a revisar una lista de posibilidades y converger en la respuesta correcta. El test de Terman cifra el umbral de la genialidad en 140.

Pues la vida de nuestro amigo Lewis Terman cambió radicalmente cuando justo después de la Segunda Guerra Mundial descubrió a Henry Cowel. Un chico pobre con grandes problemas de adaptación que había estado sin escolarizar desde los 7 años. Trabajaba como portero en la universidad de Stanford, pero abandonaba regularmente su puesto para ir a tocar el piano de la escuela con una maestría increíble. Eso llamó mucho la atención de Terman y decidió hacerle pasar por su test, obteniendo una nota bastante superior a los 140 puntos que diferencian a los genios. Este hecho le hizo pensar a Terman en cuántos genios desconocidos había por el mundo a los cuales nadie les había dado su oportunidad.

Entonces Terman tomó una decisión. Iba a encontrar a todos los chicos como Cowell para encauzar su genio de forma provechosa y socialmente positiva. Un grupo destinado a formar las futuras elites de Estados Unidos, líderes que hicieran avanzar la ciencia, el arte, la política, la educación y la asistencia social en general. Unos intelectuales organizados a los que llamarían los Termitas. Comenzó buscando personalmente a los primeros Termitas y encontró a gente con habilidades increíbles debido a sus grandes capacidades intelectuales. Posteriormente generalizó la búsqueda para hacerla más global ayudado por otros investigadores de toras universidades a lo largo de todo el planeta. El resto de su vida, Terman vigiló a su ejército de superhombres, sometiéndolo a todo tipo de rastreos, pruebas, mediciones y análisis. Todas sus conclusiones las registró en gruesos volúmenes rojos titulados Estudios genéticos del genio.

Todo esto puede parecer razonable. ¿Qué mejor que un grupo de personas intelectualmente superiores en los que delegar los problemas más complejos del mundo? Pero el caso es que Terman se equivocó. Los Termitas fueron un fracaso. Lewis Terman, no había reparado en un pequeño detalle: el CI no es el único factor que determina la genialidad de una persona.

Se han llevado a cabo numerosas investigaciones en una tentativa de determinar cómo el rendimiento de una persona en una prueba de CI se traduce en éxito en la vida real. Y se ha descubierto que la relación entre éxito y CI funciona sólo hasta cierto punto. Una vez se alcanza una puntuación de unos 120, el sumar puntos de CI adicionales no parece repercutir en una ventaja mesurable a la hora de desenvolverse en la vida real. Una persona con un CI de 170 tiene más posibilidades de pensar eficientemente que una persona con un CI de 70. Pero una vez cruzado el umbral de 120, entonces las posibilidades se diluyen. El premio Nobel tiene tantas posibilidades de recaer en un CI de 130 como en un CI de 180.

Un ejemplo que refuerza esta idea la encontramos en la discriminación positiva que existe en algunas universidades, como la de Michigan. Alrededor del 10 % de los estudiantes que se matriculan al año son miembros de una minoría racial, aunque sus notas de acceso no sean tan competentes como el resto de personas (aunque igualmente sean calificaciones brillantes). La Universidad de Michigan decidió hacer un seguimiento de cómo les había ido a estos estudiantes de Derecho después de terminar la carrera. Examinaron todo aquello que pudiera servir como indicativo de éxito en el mundo real. Los resultados indicaron que les iba exactamente igual de bien que al resto de los alumnos. No había diferencias significativas.

Entonces, se puede decir que la inteligencia importa a partir de cierto umbral, pero una vez sobrepasado, una mayor inteligencia no garantiza el éxito en la vida. Una vez asumido esto, es importante analizar cuáles son los factores determinantes una vez superado ese umbral de inteligencia a la hora de ser brillante.

Para realizar este análisis vamos a utilizar lo que se conocen como pruebas de divergencia, en lugar de las pruebas de convergencia que se utilizan en los test de CI. En las pruebas de divergencia no hay una respuesta correcta única. Lo importante es el número y la singularidad de las respuestas dadas. Este tipo de pruebas tratan de medir aspectos como la creatividad. Un ejemplo, escribid todos los usos diferentes que se os ocurran para los siguientes objetos: un ladrillo y una manta.

Esta es la respuesta que dio Florence Hudson, una chica prodigio, con uno de los CI más altos de su escuela:
Ladrillo: Construcción, lanzamiento.
Manta: Proteger del frío, sofocar un fuego, como una hamaca o parihuela improvisada.

Florence sólo es capaz de ofrecer los empleaos más funcionales y comunes de esos objetos. Son respuestas correctas, pero no va más allá.

Ahora veamos la respuesta ofrecida por un tal Poole, de un instituto británico de nivel superior:
Ladrillo: hacer la compra cuando la tienda está cerrada. Ayudar a sostener en pie las casas. Para jugar a la ruleta rusa y mantenerse en forma al mismo tiempo (diez pasos ladrillo en mano, media vuelta y lanzamiento; prohibida toda acción evasiva.) Para poner encima de la manta y que ésta no se caiga de la cama. Para romper botellas de Coca-Cola vacías. O llenas.
Manta: Para tapar una cama. Para practicar sexo ilícito en el campo. Como tienda de campaña. Para hacer señales de humo. Como vela para un barco, carro o trineo. Como sustituto de una toalla. Como blanco de tiro para miopes. Como salvavidas para gente que salta de rascacielos en llamas.

Esta fue la razón que hizo que el proyecto de los Termitas fracasara. Los Termitas eran robots que estaban muy bien valorados a la hora de cumplir su programa robot. Pensaban de una manera lógica casi perfecta, pero no eran capaces de enfrentarse de la manera necesaria a problemas en los que la imaginación era una pieza clave. Problemas que te encuentras cuando tu objetivo es encontrar la solución a los problemas de la raza humana. ¿Quién creéis que tiene más posibilidades de hacer el tipo de trabajo brillante e imaginativo que gana premios Nobel? Los Termitas no conseguían salirse de la raya a la hora de buscar soluciones y por ello no eran capaces de encontrarlas.

De todas formas, por conocer la historia completa, hay que decir que a los Termitas no les fue nada mal. Sus niveles de vida tendieron a ser altos, aunque nada extraordinarios, a pesar de ser genios exhaustivamente seleccionados. Sus carreras profesionales fueron bastante normales, aunque algunos fracasaron en ellas. Más o menos como cualquier otro ser humano que obtiene una alta educación.

En una crítica devastadora, el sociólogo Pitirim Sorokin demostró en cierta ocasión que, si Terman se hubiera limitado a elegir al azar un grupo de niños con entornos familiares parecidos a los de los Termitas (absteniéndose por completo de calcular su cociente intelectual), habría reunido un grupo autor de logros casi equivalentes a los de su grupo minuciosamente seleccionado de genios.

De todas formas, abandonemos a Terman y sus Termitas porque esto aún no ha acabado. Sigo relacionando temas y artículos y ahora os quiero hablar de otra cosa pero que está muy relacionada. Prácticamente todos asociamos el éxito de una persona a una mezcla de trabajo duro y un especial don. Ahora lo que quedaría por ver es cuanta importancia tiene ese trabajo dura y cuanto ese talento innato a la hora de sobresalir en alguna actividad. ¿Y si fuera verdad aquello de que cualquier trabajo es un 1 % de talento o suerte y un 99 % de transpiración?

Es evidente que el talento innato existe. No podemos obviar que las personas nacen con distintas características y habilidades naturales. Sin embargo, cada vez más experimentos psicológicos confirman que importa menos de lo que pensábamos el talento innato que el nivel de preparación.

Uno de los estudios más famosos al respecto es el que llevó a cabo a principios de 1990 el psicólogo K. Anders Ericsson y dos de sus colegas en la elitista Academia de Música de Berlín. Allí dividieron a los violinistas en tres grupos:
Grupo 1: las estrellas, los que tenían más potencial para ser músicos de talla.
Grupo 2: los que eran juzgados por sus profesores como simplemente buenos.
Grupo 3: los estudiantes que tenían escasas posibilidades de acabar dedicándose profesionalmente a la música.

A todos los estudiantes se les había preguntado cuántas horas habían practicado aproximadamente con su violín desde la primera vez que tomaron uno. En los tres grupos la respuesta fue parecida: todos empezaron a tocar alrededor de los 5 años de edad, y todos practicaban unas 2 o 3 horas semanales. Las diferencias en cambio comenzaron a surgir al hablar de sus prácticas a partir de los 8 años de edad. Los estudiantes del Grupo 1 respondieron que a esa edad duplicaron las horas de prácticas. A los 16 años, ya practicaban 14 horas semanales. A los 20 años era posible que algunos ya practicaran unas 30 horas semanales. Más o menos, todas las horas de práctica sumarían unas 10.000 horas. Ninguno que practicara menos podía colarse allí, y viceversa. Los miembros del Grupo 2 sumaban como máximo 8.000 horas. El Grupo 3, apenas 4.000 horas.

Esos resultados eran demasiado precisos para resultar ciertos. ¿Todo se reducía al número de horas invertidas por los estudiantes? Para asegurarse de que no habían asistido a una especie de casualidad, repitieron el mismo tipo de experimento con una clase de pianistas. Se repitió exactamente el mismo resultado. El patrón era idéntico. Los pianistas más sobresalientes siempre habían sumado al menos 10.000 horas de prácticas en toda su vida.

Este resultado era del todo contra intuitivo. Ericsson no encontró músicos natos, esa clase de músicos que parecen nacer con el don de tocar brillantemente, como si lo llevaran escrito en los genes. Ericsson concluyó que una vez que se demuestra cierta capacidad suficiente para ingresar en una academia superior de música, lo que distingue al intérprete virtuoso de otro mediocre es el esfuerzo que cada uno dedica a practicar. Los músicos que están en la cumbre no trabajan un poco más, trabajan muchísimo más que el resto. No hay otro secreto.

El neurólogo Daniel Levitin lo expresa así en su libro El cerebro y la música:
“La imagen que surge de tales estudios es que se requieren diez mil horas de práctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categoría mundial, en el campo que fuere. Estudio tras estudio, trátese de compositores, jugadores de baloncesto, escritores de ficción, patinadores sobre hielo, concertistas de piano, jugadores de ajedrez, delincuentes de altos vuelos o de lo que sea, este número se repite una y otra vez. Desde luego, esto no explica por qué algunas personas aprovechan mejor sus sesiones prácticas que otras. Pero nadie ha encontrado aún un caso en el que se lograra verdadera maestría de categoría mundial en menos tiempo. Parece que el cerebro necesita todo ese tiempo para asimilar cuanto necesita conocer para alcanzar un dominio verdadero.”

Ahora haciendo unas pequeñas matemáticas podemos comprobar que esas 10.000 horas que necesita el cerebro para, gracias a su plasticidad, volverse especialmente diestro en alguna actividad, equivalen aproximadamente a unos 10 años.

Por supuesto, nadie te garantiza el éxito en una actividad una vez logrado el talento. Uno puede estar 20 años escribiendo 10 horas al día y ser rechazado sistemáticamente por todas las editoriales del mundo. Porque lo que finalmente distingue una carrera de éxito de otras muchas carreras suele ser normalmente una combinación de oportunidades extraordinarias y suerte. Pero ello no invalida que, neurológicamente, 10.000 horas de práctica, 10 años de tesón e ilusión, es el mínimo requerido para que una persona alcance la excelencia en la realización de una tarea compleja.

Y hasta aquí llega mi post de divulgación científica de esta semana. No sé, me pareció muy interesante todo esto. Resumiendo un poco. Para triunfar en una actividad es necesaria tanto la inteligencia como un talento natural, pero que una vez sobrepasados unos umbrales de estas características, cobran mucha más importancia otras como la creatividad del individuo a la hora de solventar los problemas u obstáculos y muy especialmente el trabajo dedicado a la actividad. Alguien muy listo y talentoso no conseguirá triunfar si se queda solo en eso. Posiblemente parta con cierta ventaja sobre otro individuo, pero al final tendrá que trabajar muy duro para conseguir sus objetivos.

Espero que no se os haya hecho muy duro de leer y que os haya gustado. Un saludo.

Fuentes: Genciencia, El cerebro y la música de Daniel Levitin y Fueras de serie de Malcom Gladwell

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Yo no es que quiera ver señales donde no las hay, es que realmente las hay. El 2012 se aproxima y las señales de que estamos ante el final de algo cada vez son más claras. Si nuestro invitado Guille ya nos habló de su teoría sobre el final del mundo, mi compañero Carlos nos avisó de las posibilidades de un mundo en el que no haya sexo para reproducirnos y yo ya os hablé de las consecuencias del terremoto de Chile y el silencio de la comunidad científica porque algo gordo estaba ocurriendo, ahora tengo la confirmación de que no solo es algo grande, sino que se trata de algo satánico.

Como habéis oído, el demonio está haciendo su aparición en nuestro mundo y a falta de una prueba que lo demuestre, esta vez os traigo dos. Y no sé por cual empezar porque cada una da más miedo que la anterior. Creo que lo decidiré como decido muchas (quizá demasiadas) cosas. Lanzando una moneda.
Ha salido cruz y eso significa que os tengo que presentar primero a Zhang Ruifang. Se trata de una señora de 101 años del pequeño pueblo de Linlou, en la provincia china de Henan. Esta señora, a edad tan avanzada se ha convertido en una emisaria del demonio. ¿Cómo lo sé? Sólo hay que ver su foto:

Sí amigos. A esta anciana le ha crecido un cuerno en un lado de la frente. Y si os fijáis bien, le está creciendo otro al otro lado. Dentro de poco esta señora va a tener la apariencia de un auténtico demonio (solo le faltará el rabo y estar vestida de rojo). Pero ¿y si ya lo es? Puede ser que esta anciana esté predestinada a hacer el mal allá por donde vaya. El mal personificado. No sé si habrá sido siempre así o el mal despertó en ella cuando le comenzaron a salir los cuernos. Pero yo tengo claro que me hace ser feliz el hecho de vivir a más de 5000 kms de esta “encantadora” ancianita china.

Esto ya de por sí daría bastante miedo, pero es que como ya os avisé, la cosa no acaba aquí. Tengo otra prueba del advenimiento del mal a la Tierra. De la llegada del demonio. Y esta es audiovisual. Preparaos. Allá va:

Sí señores, esto es lo más parecido a las trompetas del apocalipsis que oiremos jamás. Este señor que parece un muñeco de plástico se trata de Eduard Khil, un barítono ruso ya retirado. Hasta ahí bien, pero… ¿por qué no tiene cejas ni expresión facial? Hacía mucho tiempo que no pasaba tanto miedo viendo un video del youtube (otra cosa que podría ser el fin de todo). Eso sí, además de miedo, este vídeo genera una adicción total. Tener cuidado, es otro de sus poderes maléficos.

Pues si con todo esto no estáis ya convencidos de que el mal y el fin están próximos, es que estáis en el bando contrario y también queréis ocultarlo. Pues que sepáis que aunque esté postrado en una cama con mi pierna rota, seguiré sacando a la luz todas las conspiraciones malignas que encuentre. No me taparan la boca.

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Problablemente muchos no me conozcais y otros sólo sabéis de mi que soy esa persona que de vez en cuando cuelga una foto en el blog. Lo de colgar fotos tiene un sentido y es que creo que me expreso mejor a través de las fotos que con las palabras, y creo que todos vosotros pensaréis lo mismo cuando acabéis de leer este post. Y os preguntaréis por que hoy he decidio escribir? Pues la verdad que no tengo una respuesta concreta, creo que me lo tomo como una especie de acto de valentía: por fin me atrevo a escribir.

Y debo confesar que escribir después de que Dupla haya hecho un post es aún más díficil, la presión es muy grande. Pues como os iba diciendo me expreso mejor con las fotos;  las imágenes son capaces de transmitir mis estados de animo de una forma asombrosa. No tienen que ser necesariamente fotos que he hecho ese día, simplemente llego a casa me dio una vuelta por mis carpetas de fotos que acumulan miles y miles de imagenes y una de ellas capta mi atención, y esa describe mi dia. Las imágenes guardan recuerdos, esconden  nuestros mejores momentos. Cada uno ve algo distinto en las fotografías, no todo el mundo percibe lo mismo. 

Yo puedo encontrar en mis fotos ese sentimiento maravilloso que tuve cuando tenía cinco años y cogi mi primera raqueta de tenis y consegí darle a una pelota porque alli estaba mi orgulloso padre para darle a un botón y guardar el momento para toda la eternidad; también puedo encontrar en una foto el sabor de aquella tarta de chocolate con galletas maria que me hacía mi madre en mis cumpleaños y el olor a cera cuando soplaba las velas.  Mis fotos me hacen recordar mis mejores momentos con mis amigos, los viajes, las risas  (y un poquito de miedo también) en un paseo  en la oscuridad por una playa portuguesa, el cansancio despues de visitar mil y una iglesias en Roma, las sonrisas (y también el cabreo) cuando alguien se olvida puesta una llave por dentro en una casa perdida en Extremadura, y mil instántes e historias más que se reproducen en mi cabeza cada vez que veo una foto.

Las fotografías siempre esconden momentos felices…nunca sacamos la cámara en un instante triste de nuestra vida y por eso, siempre que quiero recordar que es lo que he vivido abro mi carpeta de fotos y me paso un ratito recreandome (como decía Fernando Aramburu hace poco en una entrevista) con mi coleccionismo de buenos momentos.

Espero no haberos aburrido mucho y creo que este será mi único acto de valentía….y volveré a mis fotos

Un saludo a todos

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Es hora de confesar otra de mis aficiones secretas. Me encanta apuntarme a clubs. Ya está, ya lo dije. Si alguien quiere convencerme de hacer cualquier cosa, tiene que disfrazarla con la palabra club por delante. Lo haré siempre que me dejen apuntarme con un largo formulario y me den a cambio un maravilloso carnet de pertenencia. Si además ese formulario tiene varios puntos donde dice “Firme aquí” ya me tienen enamorado.

No se muy bien de donde procede esta afición, ni cuando surgió en mí, pero tengo muchos ejemplos a lo largo de mi vida. Son clubs a los que me apunté y que realmente no eran nada, solo una excusa para mandarme publicidad a casa. Pero yo era (y soy) feliz con ello. Ejemplos que van desde el ya fallecido Club Megatrix hasta el muy pretigioso Club Vips. Estos tíos tienen hasta varios niveles de socios (lo que daría por una tarjeta Vips platino). Por supuesto también estuve apuntado al club de música de mi universidad. Todos ellos muy poco útiles la verdad. De hecho, creo que el único club del que he sacado algo en provecho (y esto sería muy discutible, ya que gracias a ese club me convertí en el friki que soy actualmente) es el videoclub de mi barrio. Las horas que podía pasar allí cuando era pequeño mirando todas las pelis que había son incontables.

Si tuviera que explicar la procedencia de esta afición, señalaría dos factores. Por un lado la pertenencia a algo. Me encanta saber que estoy en un sitio rodeado de gente con algún rasgo similar a mí. Normalmente esto es lo que indica un club. Una afición común. Es cierto que esto se ha pervertido mucho en los últimos días. Como dije antes, a día de hoy, un club solo sirve para que te llenen de publicidad de algo que supuestamente te gusta y que por lo tanto estarás dispuesto a comprar. Hay honrosas excepciones, pero pocas.

Por otro lado, un club también tiene un punto de elitista. De formar parte de algo de lo que no todo el mundo pueda formar parte. Esto, no sé muy bien por qué, pero me desata un sentimiento muy arraigado en mí que también me gusta. En el fondo sé que no soy más que un snob pijo con aires de grandeza. Lo sé y me avergüenzo de ello, pero de vez en cuando sale a la luz, como en este caso. Hay que volver a indicar que esta idea del elitismo se basa más en el concepto clásico de la palabra club que en su acepción actual, en la que lo único que separa a un socio de un club a alguien que no lo es, es el haber rellenado un formulario muy largo (seña de identidad de cualquier club que se precie) y en algunos casos pagar una cuota.

Y ahora llega la gran pregunta. ¿Para qué he contado todo este rollo anterior? Pues amigos, lo he contado para poder deciros que por fin, después de tantos años, ha llegado la recompensa de pertenecer a un club. Ese momento que yo sabía llegaría tarde o temprano (ha sido más bien tarde). El club que me ha dado esta gran alegría ha sido uno de los que menos me esperaba que me la fuera a dar dentro de mi gran cartera de club a los que pertenezco. El afortunado ha sido el grandioso “Club Carrefour”. ¿Quién me iba a decir a mi que cuando la cajera me ofreció apuntarme, con ese formulario en la mano y una sonrisa diabólica, iba a cambiar mi vida? Pero sí amigos, lo hizo. Y de qué manera.

Ayer me llegó una carta que conteía, entre muchas más cosas, esto:

20% dto. en CARNICERIA (excepto en carnes y huevos)

Grandioso ¿verdad? ¿No es la mejor promoción que habéis visto en vuestras vidas? En efecto, es un ticket descuento de la carnicería que no es aplicable para comprar carne (ni huevos). ¿Qué podemos comprar con este ticket? Ah! ¿Quién sabe? Yo veo que claramente es una herramienta para favorecer nuestra imaginación, que la tenemos muy poco entrenada. Gracias señor Carrefour. Os pido a todos, por favor, un gran aplauso para ese gran pensador al que se le ocurrió esta oferta. En serio, hay que ser un auténtico genio para ello (y tener un par de huevos bien grandes también).

Creo que voy a aprovechar este fin de semana para darme de baja de todos mis clubs. Bueno… quizá aguante un poco más 😉 Venga, ¡a cuidarse!

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Buff. Se hace duro volver. Hace más de un mes desde que escribí mi pobre última entrada. Muchas cosas han pasado. Entre ellas hemos empezado un nuevo año (feliz año a todos y esas cosas). Este último mes ha sido un buen mes. Es lo que tienen las vacaciones (realmente no fueron vacaciones, pero eso lo dejaré para otra entrada). De todas formas, tengo excusa para no haber publicado nada. Una excusa de proporciones Bíblicas.

El caso es que había que volver al blog. Daba pena verlo así de parado. Y como en otras ocasiones, me volvió a ocurrir lo que me pasa cuando estás un tiempo sin escribir. El miedo. Miedo a no cumplir las expectativas de la gente que entra aquí esperando encontrar algo especial. Por eso no escribí nada antes, porque no tenía nada lo suficientemente bueno como para hacerlo (ni estaba sentado otra vez delante del ordenador del trabajo con mucho tiempo para llenar y pocas ganas de trabajar, todo hay que decirlo). Pero justo en ese momento vino a mi rescate (otra vez) ese gran amigo emigrante, como en los viejos tiempos, en tierras alemanas. De nuevo Alber me ofreció una de esas noticias que te dejan desarmado y cuya única respuesta al leerlas es la más profunda y sincera carcajada que he soltado en un buen tiempo.

Allá va, sin más rodeos. Leerla y regocijaos. Aquí.

¿Ya la habéis leído? ¿Ya os habéis secado las lágrimas de la risa? Bien. Me alegro. Es cierto que lo mejor de esta noticia es sin duda su titular. El becario que la escribió se ve que estaba graciosito, pero es que le quedó de lujo. Luego, una vez leída entera pierde parte de la gracia, pero no del todo. La escena de la gente en el entierro de ese pobre hombre llorándole y viéndole luego aparecer borracho allí es inmejorable. Es una parodia tan grande del mito de Jesús y su resurrección que cuesta creerla. Es grandiosa.

Esta historia sería la típica que se llevaría esa frase tan manida de “la realidad supera a la ficción”, pero en este caso, hay precedente enorme en forma de canción que decía “No estaba muerto que estaba de parranda”. Este Peret, además de rumbero era profeta.

Me dejo para el final un par de apuntes. El primero el pobre gerente de la funeraria, el señor Honorato (ejem), consternado por haber enterrado a alguien que no era quien creía ser y echándole las culpas a la familia. Pobre. Me deja el alma rota pensar en él.

Y el segundo el malo de la historia (siempre tiene que haber un malo). El dueño del apartamento de este pobre hombre resucitado a golpe de chupitos. No perdió ni un segundo en deshacerse de las pertenencias de nuestro héroe. Según se enteró de la noticia allá fue con su bidón de gasolina a quemar todo el piso. Yo no se vosotros, pero yo me lo imagino muy parecido a este otro señor:

Cámbienle la frase por “A quemarlo todo!!! Ole Ole” y ya lo tienen.

Bueno, hasta aquí la tontería del día. Deciros que ya vuelvo a estar activo y que seguiré dando la plasta por aquí más a menudo, 5 días a la semana de trabajo es mucho y no se bien como llenarlas. Un saludo.

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