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Posts Tagged ‘infinito’

Vuelvo con uno de los temas que más me obsesionan y de los que más he hablado por aquí. La creatividad. Se podría decir que esta entrada continúa en cierta manera la que escribí hace tiempo titulada “Ese maldito número“. Os la resumo un poco. Allí, después de un extenso análisis llegaba a la conclusión de que gracias a la magia proporcionada por los sistemas digitales, cualquier realización artística podía quedar totalmente definida por un único y exclusivo número (un número muy largo pero un número al fin y al cabo).

Pues hoy voy a continuar un poco con esta reflexión. Voy a centrarme en la literatura porque es más sencillo ejemplificar, pero todo es extrapolable a cualquiera de las otras artes. El tema principal de todo esto es el hecho de si todo ya está escrito de antemano. El número de letras que existen (y por extensión de palabras) es limitado y por ello el conjunto de cosas que se pueden escribir con ellas es algo finito. De nuevo algo muy grande pero finito. La pericia del artista es la de discernir de entre todas las posibles combinaciones existentes las que son manifiestamente artísticas y proporcionan un valor añadido del resto. Esta habilidad es muy importante y por eso sólo un pequeño porcentaje de la población mundial a lo largo de la historia han sido grandes literatos, pero el caso es que cualquier persona, por puro azar podría ser capaz de escribir algo tan bueno o mejor que cualquier libro considerado una obra maestra.

Esto lo ha pensado mucha gente antes que yo. Platón o Borges ya escribieron sobre ello. Pero lo que me ha resultado gracioso, es saber que hay una parte de la comunidad científica bastante obsesionada con este tema. Estoy seguro que motivados por el eterno debate entre ciencia y arte, porque como decía el filósofo americano Sydney Hook, “la Madonna de Rafael sin Rafael, las sonatas y sinfonías de Beethoven sin Beethoven, resultan inconcebibles. En la ciencia, por otra parte, la mayoría de los hallazgos de un científico podría haberlos hallado perfectamente otro científico de su mismo campo”. Esto condena al científico a una especie de anonimato. El científico debe descubrir algo antes de que otro lo haga, pero el artística debe crear algo que antes no existiera, nadie va a escribir el libro que yo escribiría.

Pues como iba diciendo, hay un gran número de científicos empeñados en desmentir esa afirmación y por ello quieren demostrar que de forma aleatoria se puede escribir una obra literaria de gran envergadura. Todo se sustenta en el teorema de los monos infinitos expuesto por Émile Borel en 1913, que decía que un conjunto de monos infinitos tecleando al azar los teclados de máquinas de escribir es probable que, por puro azar, consigan escribir cualquier libro que se encuentre en la Biblioteca Nacional Francesa. Pues hay un proyecto iniciado en el 2003 que trata de reproducir este teorema. Se trata de un programa informático que hace esto mismo. Teclea caracteres de forma aleatoria. Se trata de medir cuánto tiempo es necesario para que se escriba una obra de Shakespeare completa de principio a fin. Por ahora, se han conseguido los siguientes logros:

  • El 3 de enero de 2005 se encontraron 24 letras consecutivas que formaban un pequeño fragmento de Enrique VI, parte 2: “RUMOUR. Open your ears; 9r”5j5&?OWTY Z0d “B-nEoF.vjSqj[…
  • Posteriormente, el mismo experimento, logró 30 letras de Julio César de Shakespeare: “Flauius. Hence: home you idle CrmS3RSs jbnKR IIYUS2([;3ei’Qqrm’”.
Parece que aún queda bastante para conseguirlo. Podeis mirar más sobre este experimento en The Monkey Shakespeare Simulator.
Pues con todo esto, creo que queda claro que aunque estamos hablando de cifras finitas, son tan grandes que como buen ingeniero que soy he de determinar que como solución es infinito, por lo que a día de hoy se puede asegurar que el trabajo que realiza el artista, lo conocido como Creatividad, es un proceso mental al alcance de algunos pocos no reproducible. Seguiremos dependiendo de esos genios para alimentar nuestra voraz ansia de cultura que tiene nuestra sociedad.
Antes de irme os dejo con una pequeña reflexión que no tiene absolutamente nada que ver con esto pero que no sabía dónde ni cómo colocarla:
¿No es un chiste irónico que la construtora que va a construir el edificio más alto del mundo pertenezca a la familia de Osama Bin Laden? (info)
Ahí lo dejo. Saludos!!

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Ocurre que a veces, en según que lugares o ambientes te encuentres, estás con gente con la que no tienes mucho o nada que hablar. Gente con la que simplemente compartes un espacio y un tiempo de tu y sus vidas. Ejemplos hay muchos, pero actualmente el que me viene más rápido a la cabeza son los compañeros de trabajo. Es gente con la que tienes que convivir un largo tiempo pero que o bien te aportan poco o directamente nada (por supuesto hay enormes excepciones a esto, hay compañeros que hacen que el ir a trabajar merezca la pena).

El caso es que el pasar tanto tiempo con esta gente hace que irremediablemente exista una conversación. Mientras estás trabajando puedes abstraerte y pensar solo en tu trabajo (a mi esto se me hace complicado pero entiendo que haya gente que pueda), pero durante los necesarios descansos (dudo que nadie pueda trabajar más de 5 horas seguidas sin descansar) delante de un café o comiendo, se hace imposible el no hablar. Entonces es cuando se produce algo muy curioso. Como ya hemos dicho, es gente con la que compartes poco o nada, pero de repente surge un tema de conversación. El tema de conversación. Algo que os conecta a todos o a un grupo de personas, y la conversación surge sola. Esto está muy bien el día que lo descubres. Está muy bien los siguientes próximos días, ya que el tema da para más de una charla. Pero ahí viene el problema. El tema no da para muchas charlas más, pero es necesario tener más conversaciones, por lo que se sigue explotando y explotando el tema cuando, claramente, el tema ha dado todo lo que podía dar de sí.

En este momento es cuando llegamos a lo que he llamado la charla infinita. Un día tras otro, hablas de lo mismo con la misma gente. Escuchas los mismos comentarios. Surgen las mismas risas con los mismos chascarrillos. Toda la charla es como una especie de guión que ya todos conocen y que dura exactamente la media hora del café o la hora de la comida. Muchas veces es desesperante, pero lo peor de todo es que parece que a nadie le importa. Todos están cómodos porque al fin se ha encontrado un tema que da para hablar sin preocupaciones. Nadie intenta cambiar de tema o salirse del guión. Parece que un día tras otro, todo está preestablecido. Pero he de reconocer que hace esos momentos más sencillos. No tienes que pensar nada, sólo soltar el rollo de todos los días y dejar que el tiempo pase. Como ya dije es la charla infinita. Imposible escapar de ella.

Hay una variante que consiste en las charlas cíclicas. Consiste en cuando el grupo tiene más de un tema, más o menos unos cinco. Según la época del año se habla de uno o de otro. No se mezclan en la misma conversación, sino que tras unos meses de estar dale que dale con un tema se cambia y parece que todo es nuevo. El problema es cuando ya has vivido más de un ciclo.

No se si hay alguna solución a la charla infinita. Yo como mucho desconecto y aunque esté presente durante la charla, mi cabeza está pensando en cosas como escribir esta entrada en cuanto vuelva a mi puesto de trabajo. Espero que vosotros, amados lectores, no sufráis mucho este problema. Y si lo sufrís, que tratéis de luchar contra él. ¡¡Luchemos por tener conversaciones entretenidas!!

Por si acaso alguien no ha caído en la cuenta de las charlas infinitas que ha sufrido a lo largo de su vida, les daré algunos ejemplos que seguro que reconocen rápidamente. Hablar de los exámenes de la carrera con compañeros de universidad, comentar acerca del jefe con compañeros de trabajo, criticar asiduamente la calidad de la comida de una cafetería… Y aunque se sale un poco de la definición, yo sin duda también incluiría en el grupo de las charlas infinitas las discusiones políticas o deportivas.

Estén atentos, si no tienen cuidado pueden caer en una charla infinita en cualquier momento. Le he avisado.

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