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Archive for 28 julio 2008

Vacio

Miro a la derecha y nada. Hago lo propio a la izquierda y tampoco hay nada. A mi alrededor no hay absolutamente nada salvo un suelo blanco que se pierde por el horizonte. Me encuentro de pie en un lugar totalmente vacio sin saber qué hago aquí. Bueno, realmente no está del todo vacío. Hay algo. De mis pies, mirando al frente, surge una línea roja que se aleja de mi. Podría decirse que marca una especie de camino. En mi cabeza, oigo una multitud de voces silenciosas que me ordenan seguir ese camino. Tengo la sensación de que llevan toda mi vida ordenándomelo. Han conseguido que la única idea que haya en mi cabeza sea seguir ese camino. Creo que tengo que seguir ese camino, porque quiero, necesito, hacer callar a esas voces que no me dejan pensar. Cuando doy la orden de andar el camino a mis piernas, éstas permanecen inmóviles. Así que esa es la situación en la que me encuentro. De pie en un lugar en el que no hay nada salvo un camino rojo, el cual mis pies no quieren seguir.

El que mis pies no quieran seguir ese camino se convierte en una frustración, pero a la vez un pequeño alivio. Alivio porque en mi interior sé que no quiero seguir ese camino. Sé que es una idea introducida en mic abeza por voces que no son la mia. Sí que quiero andar un camino, pero quiero que ese camino sea otro. Prácticamente cualquier otro. Miro a mi alrededor. No hay ningún otro dibujado sobre el suelo.

En este instante miro mi mano derecha, antes vacía. Ahora sostiene un bote de pintura. No sé de color es y no me importa. Introduzco mi mano izquierda en el bote. Pinto con ella el suelo blanco que estoy pisando. Ahora me encuentro sobre un punto de un color diferente justo al cominezo del color rojo. Con la mano derecha pinto tambien mis pies.

Trato de ignorar a las voces. Le digo a mi pie derecho que se levante y que camine hacia la izquierda. El pie no me hace caso. Parece que mis pies tienen miedo. Tienen miedo de andar. No quieren andar el camino rojo pero les aterra caminar por otro camino.

Repito la orden. No hay respuesta. Sigo ordenando a mis pies que anden. Ellos siguen sin hacerme caso. Comienzo a sudar. Incluso creo sentir dolor. No lo a conseguir, pienso. Voy a quedarme siempre aquí. Entonces, mi pie derecho se levanta. El pie izquierdo gira sobre si mismo para que el derecho pueda caer sobre el nuevo camino que quiero caminar. El pie derecho pinta el suelo del mismo color del punto en el que estaba. Trato de repetir el movimiento con el pie izquierdo. En ese momento me despierto.

Hora de levantarse. Si no hago rápido las cosas por la mañana volveré a llegar tarde. Me espera un largo día. primero trabajar y luego cuatro horas de clase. Al entrar en la ducha me vino a la cabeza el camino rojo.

Miro a la derecha y nada.

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Hace ya casi diez días que llegué. Sé que me he retrasado mucho en hacer esta primera entrada en el blog, y como es normal se me acumulan las anécdotas, historietas, fotos y amigos que enseñaros. He decidido que lo mejor, para poneros en situación, es hablaros de de mi casa. Del lugar que habito.

Esta primera foto es mi puerta. Parece normal, pero no lo es -encontrareis la verdadera disposición de la misma más abajo. No tiene cerradura, el primer día ni siquiera podía cerrarla. Ahora sí. Ahora guardo mis pocas pertenencias con un diminuto candado de combinación, ni siquiera de los de llave –lo que por cierto me ha ahorrado un buen disgusto, ya os contaré…

Tras ascender por la escalera por primera vez me encontré un espacio diáfano de unos 16m2, con un armario, un lavabo, un escritorio, un sofá y una cama. Me pareció un espacio frío, congelado. Quizás el suelo (tablas de madera pintadas de azul) le daba algo de gracia, pero no tenia vida ni tampoco sábanas, mantas o almohadas.

Por supuesto, y como es normal en mí, a los diez minutos de llegar la habitación estaba hecha un desastre. Debo de tener una extraña cualidad, desarrollada con años y años de prácticas en mi casa, para poner todo patas arriba. De todos modos ya no es así, ahora esta ordenada, nos queremos –micasaamíyyoamicasa. Quizás tenga cierto aspecto de suciedad, pero es que he descubierto tras tratar de limpiarla varias veces que es debido al suelo, ese color azul pálido del que os hablaba deja entrever las vetas obscuras de la madera y da sensación de suciedad.

Os contare algo más sobre el suelo. Las tablas están unidas por clavos y estos, como es normal, quieren salirse de la sucia madera, no la soportan. Varios de ellos amenazan mis pies por las mañanas, y en serio, más de uno ha conseguido su propósito y duele, duele mucho.

Pasados algunos días en la buhardilla conocía perfectamente las deficiencias de esta, así que la semana pasada me dedique a arreglarlas. Una caja de madera y una tabla son una perfecta mesita de noche que además me sirve como cajón para el ordenador. Unos posters regalados por la vecina de abajo, que se ha vuelto a Italia después de un año de Erasmus, amenizan las paredes, y por último conseguí un “boiler” – o al menos así lo llamo yo-, me refiero al aparatejo que hierve agua rápidamente. Lo descubrí en Reino Unido, me permite tomarme sopas y tés por las noches sin tener que bajar los cinco pisos y medio hasta la cocina (se agradece).

Ahora ya no hay sensación de frialdad, cuando llego -exhausto después de subir los cinco pisos- me recibe una tierna habitación que me ofrece su cama para recuperar el aliento.

Espero que os hayáis hecho una idea del lugar, pero ojo, tengo montones de cosas en la recamara. Desde la clásica perdida de llaves, DNI y mp4 nuevo durante días, hasta alguna rara, como que los conserjes de la universidad me llamen por mi nombre o que provoque alarmas de incendios.

Se me olvidaba, la tesis de Duplá del post anterior se cumple –TAMBIÉN- en Bruxelles.

Besos abroad

 

Aquí esta la entrada, la combinación, 512.

Estaís invitados

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Llevo un tiempo queriendo escribir la siguiente entrada. Exactamente desde el día en que estudiando mi último examen de la carrera (eso espero, aún no se las notas) encontré una referencia a un experimento que el investigador Shigen Watanabe realizó en 1995 en la Universidad de Tokio. El experimento es realmente curioso. Una vez que lo leí (varias veces para creerlo), hice lo que suelo hacer cada vez que encuentro algo sorprendente o por lo menos suficientemente divertido, que es llamar a Carlos (compañero del blog) y comentárselo. Normalmente una vez que hago esto solemos hacer varias cosas. La primera es reírnos bastante (si alguien oyera alguna vez nuestras conversaciones alucinaría bastante de las paridas que llegamos a decir, por suerte nadie las escucha) para después tratar de sacar algo serio, o por lo menos algo útil de la anécdota (la mayoría de las veces no lo conseguimos, pero ahí está el PUBLIESPERA). En este caso, lo que sacamos fue la idea para esta entrada, así que considerar a Carlos coautor de la entrada.

Bueno, lo primero que voy a hacer es explicar este experimento tan curioso. Al señor Watanabe se lo ocurrió la idea (no quiero ni imaginar en qué estaría pensando o qué estaría haciendo este señor cuando se le ocurrió) de entrenar a un conjunto amplio de palomas para convertirlas en expertas en arte. El experimento consistía en pasarles a las palomas un conjunto de cuadros de artistas. Siempre del mismo, así se entrenaban las palomas para que fueran capaces de reconocer a un solo artista. Es decir, las palomas se encontraban dentro de sus jaulas y se les presentaban cuadros de Chagall y Van Gogh. Si picaban en los cuadros de un artista en particular eran premiadas con comida. Una vez entrenadas las palomas, éstas eran capaces de reconocer con una tasa de acierto del 95% en cuadros ya vistos, pero lo que es más impresionante es que tenían una tasa de acierto del 85% en cuadros nunca vistos antes. Esto significa que las palomas no actuaban de memoria, sino que eran capaces de extraer patrones de los cuadros y generalizar. Si os interesa conocer más sobre este experimento podéis leer sobre él aquí: http://labiologiaestupenda.blogspot.com/2007/11/palomas.html, que viene muy bien explicado.

El caso es que si nos ponemos a pensar un poco sobre ello, los resultados de este experimento no sólo dejan de ser totalmente sorprendentes, sino que nos daremos cuenta de lo estúpidos que somos por no haber dado por supuesto esto. Las palomas son unos seres que desde siempre han sabido apreciar el buen arte. Es algo que llevan en su genética. Es más, la definición del buen arte viene por medio de las palomas. Me explico. Desde tiempos inmemorables, las palomas siempre han estado en plazas céntricas de las ciudades. ¿Qué suele haber en estas plazas? Normalmente suelen estar las catedrales o los edificios más emblemáticos de las ciudades. Digamos que suele estar la arquitectura más bonita de cada urbe. ¿Es esto una casualidad? No. Las palomas no van a esas plazas porque sí. Van para apreciar esos edificios. En las plazas feas no hay nunca ninguna paloma. Poco a poco, los humanos hemos ido evolucionando para adquirir el mismo gusto por el arte que las palomas, adaptándonos a que los edificios que hay en las plazas donde se juntan las palomas son bonitos y viceversa. Seguramente, cuando se construyeron los edificios que hay en las plazas feas, fueron considerados bonitos (sino para qué se iban a haber hecho, es tontería). De hecho un mecanismo de defensa que tienen estos animales contra el arte feo todos sabemos ya cuál es. En lo más profundo de su interior crece un deseo irrefrenable de tapar lo que ellas consideran poco artístico (ya sea un edificio, un coche o la nuca de algunas personas).

Poco a poco nuestros gustos han ido siendo modificados por el criterio artístico de las palomas. Este cambio luego se ha extendido al resto de las artes. Yo no digo que el hombre no haya puesto de su parte (es evidente viendo la cantidad de “artistas” que siempre ha habido en nuestra especie), pero claramente los profesores de lo que podría considerarse nuestro instinto artístico son ni más ni menos que las palomas.

Esto es solo una pequeña divagación, pero espero que os haya animado a pensar sobre qué es el arte y sobre sí realmente es una cualidad totalmente innata del hombre. Yo ya tengo claro que no.

Hasta pronto (esta vez sí será más pronto que tarde).

P.D: se que aún os debo el desenlace de la cartografía, pero algunas cartas estaban un poco defectuosas y estamos tratando de restaurarlas. Próximamente nuestro laboratorio forense nos proporcionará el material necesario para poder finalizar la historia que tiene a medio internet en vilo. 

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